Rayados se lleva la ventaja en la ida de la final de Concachampions


La noche de ayer en el Volcán Nicolás Sánchez volvió a convertirse en el hombre más importante del Monterrey en una final regia. Con un solitario gol del zaguero, los Rayados de Monterrey tomaron ventaja sobre los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León en la final de ida de la Liga de Campeones de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (Concacaf).

Gran ambiente de fiesta que paralizó el corazón de Nuevo León, con una final de tintes de revancha para La Pandilla, al recordar el torneo Apertura 2017 de la Liga MX, en el que terminaron por exponer el orgullo ante el odiado vecino.

Frente a frente otra vez, pero en un certamen que los Rayados han dominado en los últimos años, con tres Ligas de Campeones de Concacaf ganadas. Y para alcanzar la cuarta, en el duelo de ida echaron mano de la experiencia y bravura de su central, por la férrea marca que acosaba a los atacantes Rogelio Funes Mori y Rodolfo Pizarro, además de la mala puntería de Avilés Hurtado y la tibia actitud de la localía que hicieron del arranque un duelo apretado.

Cuando el primer tiempo acechaba la recta final, Nicolás Sánchez dio un serio aviso en la cabaña de los felinos. Al minuto 38, el argentino sacó un remate de zurda que sólo besó el poste izquierdo de Nahuel Guzmán; sin embargo, el guardameta no tuvo la misma suerte cuatro minutos después, en un tiro de esquina en el que Nico superó la marca de Luis Quiñones, para finiquitar la jugada con un cabezazo y así abrir el marcador antes de irse al descanso.

Para la segunda mitad, fue necesario que Ricardo Ferretti ajustara sus piezas con el ingreso de André-Pierre Gignac. Apenas el francés pisó la cancha, los universitarios encontraron su identidad y se enchufaron en un clásico al que llegaron tarde, pese a que el graderío auriazul animaba y hacía retumbar el recinto desde antes del silbatazo inicial.

El dominio del cotejo cambió de color. Prácticamente el complemento se jugó en el sector que custodiaba el argentino Marcelo Barovero, quien fue altamente exigido por el embate que encabezó el sustituto de Eduardo Vargas, Gignac, junto con Enner Valencia y Jürgen Damm.

Replegados los pupilos de Diego Alonso, los de “El Tuca” Ferretti no se cansaron de lanzar desesperados zarpazos a la puerta del Monterrey, aunque el tiempo y el orgullo no fueron suficientes para emparejar la ida, que se firmó con el 0-1.

Pero la distancia es mínima, tan corta como el desánimo que se haya generado por el tanto de Nico, porque entre regiomontanos la sed de competencia es eterna. Siempre con las cuentas pendientes.

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