Ser optimista


Por Marcelo Torres Cofiño

Una cosa es optimista, otra muy diferente es perder la capacidad de reconocer la realidad. Como todos los mexicanos yo también quisiera que la curva de contagios de Coivd-19 disminuyera; que la economía se recuperara de su estrepitosa caída, que los empleos se recuperaran; que disminuyera de manera sustentable la desigualdad y; que se terminaran la inseguridad y la violencia que reinan en el país.

Pero, siendo realistas, eso no va a ocurrir. De hecho, las probabilidades indican que la situación va a empeorar. Por supuesto que no hay motivo alguno para festejar. Lo digo con toda honestidad: ojalá y el sexenio estuviera siendo uno muy distinto. Qué bueno sería que en lugar de buscar atacarnos virulentamente con sus hordas de bots en las redes sociales, nos callaran a punta de buenos resultados. Pero llevan 18 meses culpando al pasado, al tiempo que destrozan las muchas cosas buenas que sí había.

Revertir el desastre nos tomará varios años. Pero, por ahora, debemos concentrarnos en el 2021. Del resultado de la elección de diputados federales del próximo año depende el destino del país. Con un mandatario que cada día da mayores muestras de irracionalidad, urge un Congreso que haga ejercicio responsable de su autonomía como Poder. Se necesitan diputados federales dispuestos a tomar decisiones sensatas, toda vez que el presidente se niega a hacerlo.

Ahí yo sí soy optimista. Confío en que el año que viene se ganaran las suficientes diputaciones federales como para impedir que México siga siendo manejado a capricho de un hombre claramente desequilibrado. Además, mantengo la esperanza de que, las victorias electorales que se obtengan estarán impulsadas por un voto bien razonado, emitido por una ciudadanía que se da cuenta de que no es por el camino del líder mesiánico que nuestro país va a prosperar.

Estoy optimista porque en medio de estas circunstancias tan adversas, son muchos los que están creando conciencia de la importancia vital del Estado de derecho y de la fortaleza institucional. Y son muchos los que cada día reconocen que el mayor peligro está en hacer de México el país de un solo hombre, sobre todo, si ese hombre se desquicia.

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