12 abril, 2026
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Trump intensifica ataques contra Obama y Clinton y evita hablar del caso Epstein

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Durante una conferencia celebrada en la Oficina Oval este martes, el presidente Donald Trump volvió a utilizar su estrategia de confrontación para desviar la atención de las críticas relacionadas con el caso Epstein. En lugar de abordar directamente las preguntas sobre el manejo gubernamental de los archivos del fallecido financiero Jeffrey Epstein, Trump lanzó una serie de acusaciones sin precedentes contra el expresidente Barack Obama, a quien acusó de “traición”, y contra Hillary Clinton, ex secretaria de Estado.

El presidente declaró que “es hora de perseguir a algunas personas”, señalando directamente a Obama, Clinton, y a otros exfuncionarios como James Comey, James Clapper y Joe Biden. Aseguró que Obama “intentaba dar un golpe de Estado” y que “lo atraparon directamente”, basando sus afirmaciones en un controvertido informe presentado por Tulsi Gabbard, actual directora de Inteligencia Nacional, el cual contradice la evaluación oficial de 2016 que indica que Rusia intervino en las elecciones presidenciales para favorecer a Trump.

La respuesta de la oficina de Obama no se hizo esperar. Su portavoz, Patrick Rodenbush, calificó las declaraciones como “acusaciones ridículas” y “un intento débil de distracción”. Reafirmó que la comunidad de inteligencia, incluidos senadores republicanos como Marco Rubio, coinciden en que Rusia trató de influir en las elecciones, aunque no logró manipular votos.

Trump aseguró que no encarceló a Clinton en su momento por decisión propia, pero advirtió que no mostrará la misma indulgencia con Obama, a quien ahora coloca en el centro de su cruzada. Esta postura se enmarca dentro de una campaña más amplia de represalias que incluye la revocación de autorizaciones de seguridad, la presión sobre medios de comunicación críticos, y la vigilancia sobre funcionarios que considera desleales.

Además, informes recientes de Gabbard y del director de la CIA, John Ratcliffe, han avivado las tensiones al afirmar que los servicios de inteligencia de la era Obama habrían actuado bajo presión para modificar conclusiones. No obstante, exfuncionarios como John Brennan niegan estas acusaciones y afirman que documentos como el dossier Steele no influyeron en las evaluaciones oficiales.