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Ucraniana describe cómo es vivir en Kiev tras invasión de Rusia

Comenzó inesperadamente, como sucede a menudo en tiempos de guerra. No importó lo mucho que se había hablado sobre la inminente invasión rusa en Kiev, la gente dormía.

La hermana de Kateryna la despertó. “Ya es la guerra”. Pero ella no podía convencerse a sí misma de que así fuera. “Los carros a veces suenan así”, trató de persuadir a su hermana.

“Sabíamos que algo pasaba, pero nadie creía que Rusia realmente atacaría. Era una locura porque pensamos que podían tomar la región de Donbass, pero nadie pensó que podían invadir desde todas las demás partes de Ucrania”, explicó Kateryna Ivanchuk, residente de Kiev de 31 años.

Desde ese momento Kateryna es parte de los miles de ucranianos que pasan sus noches en refugios antibombas subterráneos. Afortunadamente para ella, hay uno en el edificio donde está el departamento de sus papás.

“El primer día la gente estaba en pánico, porque muchos tienen niños o mascotas y nadie sabía qué hacer, qué llevar con ellos”, describió.

Tras cinco días de ataques aéreos y tiroteos, Kateryna prefiere dormir en un incómodo cuarto dentro del refugio, sin ventanas, sin escuchar un solo sonido porque al menos ahí puede dejar de estar alerta por si suenan las sirenas de alarma.

“Hoy ya llevamos cuatro, desde temprano en la mañana hasta las 2:00 pm. Es difícil pero te acostumbras”, contó.

 

Cerca de su casa, un aeropuerto y una base de petróleo fueron atacados e incendiados, y el edificio residencial que fue bombardeado el sábado, era “el paisaje” de camino a su departamento personal.

Kateryna consideró evacuar la ciudad, pero su papá tiene problemas de movilidad y no lograría hacer el viaje. Tanto ella como su hermana y su mamá decidieron quedarse a ayudarle.

“Somos creyentes, oramos y sentimos paz en quedarnos, además hay personas que viven lejos pero vienen a este refugio, nosotros queremos ayudarlos, darles agua o lo que podamos”, explicó.

Aún en medio de una guerra, las actividades cotidianas siguen, pero son justamente las pequeñas cosas, como no lograr concentrarse en su trabajo -es gerente de una compañía de TI- las que la despojan de su salud mental.

“Incluso se ha vuelto difícil cocinar, porque tenemos comida gracias a Dios, pero nunca sabes cuánto tiempo vas a tener para prepararte algo antes del próximo ataque”, contó.

Además de misiles y balas, Kateryna dice que los ucranianos están bajo un “bombardeo mediático”. Para enterarse de lo que realmente pasa en la ciudad, se crearon canales oficiales en Telegram donde el ejército y el gobierno mandan instrucciones y dicen en qué sitios hay invasores.

“Siempre decimos que no solo el ejército lucha, sino todos nosotros porque todos somos responsables de nuestra nación y tenemos que pensar en cómo ayudar a nuestro ejército” explicó la joven.

Ya sea lanzando un cóctel molotov a los tanques rusos, confeccionando cables de hierro para ponchar las llantas de los vehículos armados o hasta resistir superados en número y armamento, Kateryna ha visto a su gente participar voluntariamente en la defensa del país.

“Es la mentalidad ucraniana de que nos tenemos que unir a pelear”, afirmó. “Antes de la guerra no todos querían ir al ejército, pero ahora hacen fila y se dan armas a quien quiera pelear”.

Lejos de verse obligados, según Kateryna, tanto hombres como mujeres se acercan a ver en qué pueden ayudar. Y aunque ella misma espera que prevalezca la paz y la guerra termine, no está dispuesta a que Ucrania comprometa su territorio o su soberanía.

 

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