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Un día en aislamiento

Por Luis Guillermo Hernández Aranda

El lunes inició como un día normal. Me desperté a las cinco de la mañana, hice ejercicio y después comencé a trabajar monitoreando redes y leyendo algunas editoriales. Todo esto acompañado de un buen desayuno, mi té y música.

A esos de las 9:30 de la mañana cuando me disponía a salir de la casa me sentí con temperatura. El termómetro confirmó la percepción y marcaba 38 grados. Sorprendido le llamé a mi buen amigo el doctor Edgar López quien me preguntó.

-¿Te duele la garganta?

-No.

-¿Dolor de cabeza?

-Una leve punzada de lado derecho, nada extraordinario.

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Y así continuó el cuestionamiento del médico sobre todo preguntándome síntomas relacionados al Covid19. No presentaba ninguno sólo fiebre. Entonces Edgar lanzó su sentencia que al sólo escucharla provocó angustia.

-Luis todo parece indicar que no es Covid pero por Guicho no me quiero arriesgar así que aíslate 24 horas para ver como evolucionas con la fiebre. Toma sólo paracetamol cada ocho horas.

Guicho es mi hijo mayor y tiene parálisis cerebral, agradecí la preocupación del doctor por él pero saberme aislado, con fiebre, generó en mí el temor de que fuera Covid19.

Inmediatamente le comuniqué a mi esposa la receta de Edgar y comenzamos a actuar en casa como si ya fuera positivo confirmado. Llame a Jorge Torres para decirle que no podría hacer el programa de Los Adictivos. Sin embargo mi noticiero de la tarde si lo haría desde casa.

En el momento que me encerré en mi cuarto ya con lysol, cloro, bolsas de basura y todo el kit para bajar la carga viral, comenzó en mi la angustia del sí en verdad había contraído el virus. Hice una revisión mental de a qué lugares había ido, sin algunos de ellos había olvidado el cubre bocas lo cual nunca sucedió. Y es que desde que inició la pandemia muchos amigos y familiares me tachan de exagerado por mis cuidados.

Comencé a ver películas pendientes, capítulos de series, sin embargo la distracción se rompía cuando Rafa, mi hijo de tres años me tocaba a la puerta y me gritaba papá. Me ponía triste no poderle abrir, Guicho también desde su cuarto me gritaba y el llamado de él me generaba doble angustia cuando sabía que mi esposa estaba en otra parte de la casa haciendo labores domésticas. No saber si Guicho necesitaba de mi ayuda e impedido a salir me desesperaba mucho.

Las horas transcurrían lentamente y a lo largo del día me tomaba la temperatura la cual no variaba mucho entre 37.5 y 38 grados. La oxigenación siempre perfecta así como la frecuencia cardíaca, pero el miedo permanecía. 

A las diez de la noche me llamó Edgar con quien había estado en contacto por mensajes. Al ver que no tenía ninguna variación de los síntomas me dijo.

-Luis creo que tienes una infección en el oído, mañana te reviso, mientras sigue aislado.

El martes amanecí sin fiebre y al mediodía me revisó el doctor confirmando su diagnóstico. Una infección en el oído derecho, me recetó antibiótico y pude volver a abrazar a mis hijos, a mi esposa.

Sólo estuve 28 horas aislados, donde sólo abría la puerta del cuarto para recoger alimentos. Viví la angustia que genera la posibilidad de enfermarse más grave y el miedo de enfermar a tu familia es horrible. Afortunadamente no tuve Covid pero esa experiencia de aislamiento me llevó a pensar: y con esta pandemia la gente anda pensando en bodas y en fiestas, no tenemos m…

@lharanda

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Escrito por Redacción

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