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Valoremos lo importante

Por Luis Guillermo Hernández Aranda

Tenía 19 años cuando decidí, junto a otros compañeros ex Pereyra, el colegio Jesuita de Torreón, pasar la Navidad de 1993 con los refugiados guatemaltecos que vivían en Campeche. Fueron tres semanas conviviendo con estas personas que huían de la guerrilla de su país.

De rasgos indígenas las historias que contaban eran de terror. Ellos habían sido víctimas tanto de la guerrilla como del ejército. Para ellos no había buenos ni malos. Los soldados de ambos bandos violaban a sus esposas e hijas. También las asesinaban. Los hombres eran golpeados y también asesinados, por eso llegaron a México buscando la paz.

En los diferentes campos de refugiados guatemaltecos el sinónimo era la pobreza. Pequeñas chozas hechas de cualquier material, sin piso firme y alguna hamaca para dormir. Aquí uno de los platillos más típicos era el caldo de huevo. Un huevo frito flotando en agua hirviendo. Su sabor, honestamente era poco agradable, pero en la pobreza el dinero no alcanzaba para más.

Esa experiencia me marcó para siempre. Fue un diciembre totalmente distinto a lo que estaba acostumbrado. Ahí no había prisas por comprar regalos, por esperar a Santa Claus, ni “crisis existenciales” sobre qué cenar ¿pavo o pierna? Era una discusión innecesaria, aquí en estos campamentos de refugiados la lucha diaria era por sobrevivir a la pobreza.

Esa realidad que viví por tres semanas es la realidad de muchas personas en México que son extranjeros en su propio país porque nunca volteamos a verlos. En 2020 la pandemia del Covid19 nos obligó a hacer un alto en el camino. El miedo, la muerte, nos hizo valorar lo importante. Por primera vez en mucho tiempo reconocimos la importancia de respirar y dejamos de verlo como un acto mecánico.

En el aislamiento aprendimos a valorar la importancia de abrazar a los seres queridos, a la familia, a los amigos. El avance científico nos permitió tener vacunas antes de lo esperado y poco a poco hemos recuperado esa normalidad a la que estábamos acostumbrados.

A la par de la reactivación económica volvió el estrés y las prisas. Pero también dejamos de ver lo importante. Otra vez nos hemos perdido en la vorágine cotidiana, hemos dejado de ver al otro, de vernos a nosotros mismos. Respirar es otra vez un acto mecánico, nunca nos detenemos a valorar la importancia de poder llevar aire a nuestros pulmones.

A pocas horas de terminar el año te invito a que hagamos una pausa. Siéntate y valora lo importante de nuestra vida, aprovechemos estos días para reflexionar y vivir al máximo con la familia. Los regalos y la cena son lo menos importante, recordemos que somos privilegiados y demos gracias por ello. Allá afuera hay muchos que no tendrán nada que cenar.

Muchas gracias por acompañarme este 2021, nos reencontramos en el 2002 en este Río Babel. Feliz Navidad y mejor Año Nuevo.

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Escrito por Redacción

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