Yes we can (¿o no?)


Por Alejandro Ramírez Kalisch

Con el cambio de presidente en Estados Unidos es relevante recordar uno de los discursos más sonados del saliente mandatario de dicha nación.

Pocos discursos han sacudido tanto a una sociedad como el que pronunciara Barack Obama en Enero de 2008 a pocos días de haber perdido las elecciones primarias frente a Hillary Clinton en New Hampshire: Yes We Can (Si podemos).

No es posible aseverar que esta pieza discursiva bastó para darle el triunfo frente a su adversaria en turno; sin embargo, es innegable su contribución a la proyección de la imagen del entonces pre candidato presidencial a una esfera internacional, facilitando también la obtención de recursos económicos provenientes de pequeños donantes quienes lo difundieron y reprodujeron  por millones a través de las incipientes redes sociales.

“Sí podemos” era ante todo una declaración de esperanza, una convocatoria a la construcción de un país más próspero, justo e igualitario; un llamado a solucionar de manera conjunta todos los problemas de la sociedad norteamericana.

Conmovedor, efectivo y electoralmente rentable como pocos. Se convirtió rápidamente en referente obligado cuando se analizan las mejores piezas discursivas de nuestra historia reciente.

“Sí podemos, fue cantado por los inmigrantes mientras irrumpían desde costas lejanas y por los pioneros, que se abrieron paso hacia el oeste, venciendo el implacable desierto”.

Así habló a los inmigrantes, quienes recibieron durante las dos campañas presidenciales de Obama la promesa de una reforma migratoria para luego convertirse en testigos del mayor número de deportaciones hechas por un mandatario norteamericano en las últimas décadas, casi 3 millones de personas.

“Sí podemos reparar el mundo”Y el mundo entero creyó en su discurso de paz al grado tal que sólo el ofrecimiento de un retiro de las tropas norteamericanas en Irak, bastó para hacerse acreedor del premio Nobel de la Paz. Sobra decir que hasta hoy, los soldados norteamericanos permanecen en sus posiciones.

“Sí podemos sanar esta nación”. A la postre fueron las desigualdades profundas y las divisiones entre las minorías y el norteamericano promedio que dieron cabida a una retórica de choque que logró que los opuestos se juntaran por los extremos.

“Sí podemos alcanzar la prosperidad y las oportunidades”. En medio de una crisis económica global derivada de los abusos de un sistema financiero que permitió perversos juegos de azar con el patrimonio ajeno, pareció una luz al final del túnel, sin embargo, ocho años después, la economía del mundo y del propio Estados Unidos no han logrado reponerse, razón por la cual millones de norteamericanos han padecido una caída en el nivel de vida y un futuro menos prometedor del que habían imaginado.

UNA PROMESA NO CUMPLIDA

En retrospectiva y tras parafrasear sólo algunos de los argumentos expresados en Chicago aquel 8 de enero, es claro  que Obama no pudo, y en consecuencia fue imposible vender nuevamente esperanza a una nación más cínica que apostó contra el sistema establecido, lo mismo que los ingleses con su Brexit, los brasileños contra Vilma o millones de mexicanos que manifestaron su descontento ante sistemas que habían predominado por décadas.

No Pudo, No Pudieron, No Hemos Podido.

Tal parece que los sistemas políticos han devaluado el valor de la esperanza; presenciamos desde la primera fila el surgimiento de monedas electorales respaldadas por el hartazgo ciudadano y el empoderamiento de propuestas  extremas.

Es claro que los que antes podían, han dejado de poder o por lo menos, gradualmente, están dejando el poder.

Este es un extracto musicalizado de lo que más llamó la atención de sus palabras aquel día en New Hampshire.

 

 

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