Era un domingo cualquiera en la colonia Martín Carrera, alcaldía Gustavo A. Madero. Miriam Huerta, de 41 años, y su hija Caterine, de apenas 13, esperaban tranquilamente el transporte público junto con un amigo adolescente de la joven. No sabían que en cuestión de segundos todo cambiaría para siempre.
El 4 de mayo, un microbús fuera de control, a toda velocidad, arrolló a los tres. Miriam murió en el lugar. Su hija fue trasladada de urgencia al hospital de La Villa. La comunidad, consternada, observaba la escena sin poder creer lo que acababa de ocurrir.
La lucha por salvar a Caterine
Tras el impacto, la familia de Caterine no se rindió. Exigieron su traslado inmediato al Hospital de Especialidades de Magdalena de las Salinas, donde finalmente fue ingresada. Pero la noticia más desgarradora llegó poco después: los médicos confirmaron que la niña presenta muerte cerebral.
Mientras tanto, en una funeraria de la colonia Salvador Díaz Mirón, amigos y familiares velaban los restos de Miriam Huerta. Una madre que murió protegiendo a su hija, que ahora se debate entre la vida y la muerte.
El adiós a una madre, la incertidumbre de una hija
El martes 6 de mayo, en medio de flores, lágrimas y rezos, Miriam fue despedida por su familia. El cortejo fúnebre partió hacia el panteón Guadalupe Hidalgo. Pero el duelo no se limita al dolor por una pérdida: también es rabia, impotencia y exigencia de justicia.
Caterine, según sus familiares, es una niña alegre, buena estudiante y con muchos sueños. Sueños que hoy se ven amenazados por la irresponsabilidad de un conductor que aún no ha rendido cuentas.
Exigen justicia y responsabilidad
Hasta ahora, no se ha informado oficialmente si el conductor del microbús ha sido detenido. Las autoridades investigan los hechos, pero la familia Huerta clama justicia. No solo buscan castigo para el responsable, sino también apoyo médico y emocional para sobrellevar una pérdida doble: la muerte de Miriam y la situación crítica de Caterine.
Organizaciones civiles ya han comenzado a levantar la voz, exigiendo mayor regulación del transporte público, cámaras de vigilancia efectivas y sanciones ejemplares.
No puede quedar impune
El caso de Caterine y Miriam no debe sumarse a las estadísticas frías de atropellos en la Ciudad de México. Es una llamada de atención urgente sobre la negligencia vial y el abandono institucional. Hoy, una familia entera está rota, y una niña lucha por seguir viva sin poder despertar.
La ciudadanía, entre la tristeza y la rabia, acompaña a los deudos y exige que las autoridades no solo actúen, sino que lo hagan con celeridad y justicia.







