La comunidad del boxeo lamenta el sensible fallecimiento de Prichard Colón, el talentoso pugilista puertorriqueño que murió a los 33 años. Su deceso ocurre poco más de una década después de sufrir una devastadora lesión cerebral durante un combate en 2015 que lo dejó con daño irreversible.
La confirmación de su partida fue hecha por su padre, Richard Colón, a través de redes sociales. La noticia reaviva el dolor por el trágico incidente que lo mantuvo bajo cuidados permanentes desde aquel fatídico día.
Durante su pelea contra Terrel Williams, Colón se quejó repetidamente con el réferi por impactos recibidos en la nuca, conocidos como “golpes de conejo”. A pesar de sus advertencias, el combate continuó hasta el noveno asalto, momento en el que la situación de Prichard se agravó.
Tras finalizar la pelea, el boxeador comenzó a experimentar mareos intensos y un fuerte dolor en la parte posterior de la cabeza. Posteriormente, presentó problemas de visión, debilidad en las piernas y vómitos, colapsando antes de ser trasladado de urgencia a un hospital.
Los médicos diagnosticaron un hematoma subdural, resultado de los traumatismos craneoencefálicos sufridos. Este diagnóstico sentenció su vida a una década de batallar contra las secuelas de la lesión.
¿Qué son los “golpes de conejo” y por qué son tan peligrosos?
Los “golpes de conejo” son impactos dirigidos a la parte posterior de la cabeza, específicamente en la zona de la nuca. Estas agresiones están estrictamente prohibidas en el boxeo debido al riesgo extremo que representan para la salud y la vida de los atletas.
Su peligrosidad radica en la fragilidad anatómica de esta región. En la nuca se encuentran estructuras vitales como el bulbo raquídeo y la conexión de la columna vertebral con el tronco cerebral, áreas que, al ser impactadas, pueden causar daños irreparables al sistema nervioso central.
El origen del término se remonta a 1915, cuando se utilizaba para describir la técnica de matar conejos mediante un golpe contundente en la nuca. Esta cruel analogía subraya la severidad y la intención dañina detrás de este tipo de puñetazos en el deporte.
El caso de Prichard Colón es un crudo recordatorio de la importancia de la regulación y el estricto cumplimiento de las normas en deportes de contacto para salvaguardar la integridad de los competidores.







