18 septiembre, 2026
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La risa humana tiene un origen ancestral de 15 millones de años

Ciencia

origen risa humana

Un reciente estudio publicado en la revista Communications Biology ha desvelado un hallazgo fascinante sobre el origen de la risa humana. La investigación sugiere que el patrón rítmico de nuestra risa es compartido con los grandes simios, lo que implica que esta capacidad acústica surgió hace unos 15 millones de años en un ancestro común.

Este descubrimiento crucial no solo arroja luz sobre nuestra evolución vocal, sino que también indica cómo esta primitiva forma de expresión sentó las bases para el control vocal necesario para el desarrollo del lenguaje que conocemos hoy en día.

El equipo científico, liderado por Chiara De Gregorio y sus colegas Marina Davila-Ross y Adriano Lameira de la Universidad de Warwick, examinó minuciosamente 140 secuencias de risa. Las grabaciones se realizaron en 17 individuos, incluyendo diversas especies de simios (orangutanes, gorilas, bonobos y chimpancés) y niños humanos de entre seis meses y siete años.

Los investigadores analizaron las emisiones sonoras en dos contextos específicos: el juego libre y las sesiones de cosquillas, permitiendo una observación detallada de la producción vocal. Los resultados confirmaron que todas las especies estudiadas producen una risa “isócrona”, caracterizada por mantener intervalos de tiempo regulares entre cada emisión de sonido.

Este patrón rítmico uniforme sugiere que la estructura básica de la risa existía mucho antes de que las distintas líneas de homínidos se separaran. Además, el estudio determinó que la velocidad o “tempo” de la risa se aceleró progresivamente a lo largo del proceso evolutivo, alcanzando sus valores más rápidos en las especies más cercanas al ser humano.

Una diferencia clave entre Homo sapiens y los demás primates radica en la modulación expresiva. Los seres humanos son los únicos capaces de adaptar la velocidad de su risa según la situación comunicativa; por ejemplo, la risa provocada por cosquillas en los niños es notablemente más rápida que la generada durante el juego físico. Otras especies, sin embargo, mantienen un ritmo constante independientemente del contexto.

Esta variabilidad temporal es lo que evita que la risa humana suene mecánica, otorgándole un matiz expresivo más cálido y complejo en la interacción social. Los análisis también revelaron que las cosquillas proporcionan una ventana de observación más estable para estudiar el sistema fonatorio, ya que minimizan las alteraciones respiratorias que pueden ocurrir durante el juego corporal más dinámico.

Dado que las señales acústicas no dejan registros fósiles, la risa se convierte en un modelo biológico excepcional para reconstruir la evolución de la voz. Los hallazgos indican que el sofisticado control vocal necesario para la palabra no emergió de forma repentina en la especie humana, sino a través de la mejora gradual de capacidades vocales compartidas.

Como sintetizó el investigador Adriano Lameira, el ser humano no representa una ruptura biológica, sino “el culmen de un continuo de capacidades vocales perfeccionadas durante 15 millones de años”, un testimonio de la profunda conexión entre la risa y el desarrollo del lenguaje.