Trabajadores del servicio federal de salud de Estados Unidos han manifestado una creciente alarma por la deficiente preparación recibida antes de su despliegue en África. La misión busca atender a ciudadanos estadounidenses expuestos al brote de ébola que asola varias comunidades del continente, pero los involucrados describen la capacitación como un esfuerzo “caótico y apresurado”, impulsado por la intensa presión de Washington.
La sesión de entrenamiento, que se llevó a cabo en la Base Conjunta Andrews, en Maryland, se limitó a tan solo tres días. Sorprendentemente, solo 90 minutos de este periodo fueron dedicados a una simulación completa sobre cómo interactuar de forma segura con un paciente de ébola, a pesar de que muchos participantes carecían de experiencia previa en la respuesta a epidemias.
En contraste, la mayor parte del tiempo se destinó a reuniones administrativas y trámites burocráticos, incluyendo historiales médicos, documentos de viaje y estado de vacunación. Esta situación ha generado frustración tanto entre los supervisores, incluidos funcionarios del Pentágono, como en el almirante Brian Christine, subsecretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos.
El brote actual está ligado a la cepa Bundibugyo del ébola, una variante rara que ha causado la muerte de casi 300 personas hasta la fecha. Esta cepa es tan peligrosa como otras, provocando fiebre alta, inflamación generalizada, hemorragias internas y una drástica caída de la presión arterial. Sin embargo, a diferencia de la cepa Zaire, no existen vacunas ni tratamientos con anticuerpos aprobados.
Una portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos desmintió las acusaciones, afirmando que los oficiales desplegados poseen una amplia gama de conocimientos especializados y que cada uno “completó una capacitación especializada específica para la misión”. Insistió en que la seguridad de los agentes es una prioridad absoluta y que dedican sus carreras a proteger la salud de la nación.
La situación ha puesto de relieve las preocupaciones en torno a la creación de una unidad de aislamiento de emergencia en la base aérea de Laikipia, en Kenia. La Casa Blanca defiende que este centro agilizará la atención médica para el personal estadounidense en África, permitiendo un tratamiento más rápido.
Sin embargo, los críticos sugieren que el presidente Donald Trump busca evitar que los pacientes con ébola lleguen a Estados Unidos, temiendo el inevitable revuelo mediático. Expresan su inquietud de que el centro improvisado en Kenia, con personal médico escasamente formado, pueda aumentar los riesgos para los trabajadores sanitarios.
Además, argumentan que trasladar a los expuestos al ébola a un centro provisional en África es injusto para los ciudadanos estadounidenses que han arriesgado sus vidas y que quizás deseen regresar a casa. Ron Klain, exjefe de gabinete de Joe Biden y coordinador de la respuesta al ébola en la administración Obama, destacó lo difícil que es pedir a alguien que ayude en la crisis si luego no puede volver a su país.
Los críticos también recuerdan que, tras el brote de ébola de 2014, el gobierno federal de EE. UU. invirtió en una red de centros de tratamiento avanzados y costosos, precisamente para manejar este tipo de situaciones. Esto plantea interrogantes sobre la lógica de establecer un centro improvisado en Kenia en lugar de utilizar la infraestructura ya existente.







