La emoción de la final del Clausura 2026 de la Liga MX mantuvo a los aficionados al filo de sus asientos, ya que Cruz Azul y Pumas no se hicieron daño y terminaron el partido de ida con un empate 0-0. El encuentro, disputado en el Estadio Ciudad de los Deportes en la capital mexicana, dejó la definición del campeonato para la vuelta.
Desde los primeros minutos, el conjunto celeste de Cruz Azul asumió la iniciativa, dominando la posesión del balón y generando las ocasiones más claras de gol. Impulsados por el fervor de su afición que llenó las tribunas, los cementeros presionaron constantemente en busca de abrir el marcador.
Sin embargo, se encontraron con un muro inquebrantable en la portería universitaria. El arquero costarricense Keylor Navas tuvo una noche inspirada, realizando intervenciones decisivas que frustraron los embates de la Máquina y mantuvieron su arco invicto.
Por su parte, Pumas adoptó un esquema más conservador, priorizando la defensa y esperando oportunidades al contragolpe. A pesar de su limitada presencia ofensiva, los auriazules también tuvieron un momento de peligro que fue brillantemente conjurado por Kevin Mier, guardameta de Cruz Azul, quien con una espectacular atajada, incluso con el rostro, evitó la caída de su meta.
La intensidad y el ímpetu de Cruz Azul no fueron suficientes para romper la paridad en el marcador. El empate a cero deja la serie completamente abierta, sin ventaja para ningún equipo de cara al crucial enfrentamiento de vuelta.
El destino del título se decidirá el próximo domingo en el Estadio Olímpico Universitario. Ante un empate global tras los 90 minutos reglamentarios, el reglamento establece la disputa de tiempos extra y, de persistir la igualdad, el campeón se definirá mediante una emocionante tanda de penales.
Para Pumas, este partido representa la oportunidad de poner fin a una sequía de 15 años sin levantar el campeonato, buscando su octava estrella. Cruz Azul, por su parte, bajo la dirección de Joel Huiqui, aspira a conquistar su décima corona de Liga MX y coronarse en casa del rival, un escenario que añadiría un sabor especial a su victoria.







