El artículo destaca una tendencia creciente donde hombres emplean inteligencia artificial (IA) para mejorar sus interacciones en aplicaciones de citas. Recientemente, Breeanna Dobson, de 27 años, descubrió que su interés amoroso en Hinge utilizaba IA, específicamente ClaudeAI, para comunicarse con ella, un suceso que ella misma denominó “chatfishing”.
Este fenómeno, denominado “chatfishing”, es una derivación moderna del ya conocido “catfishing”. Mientras que el “catfishing” implica crear identidades falsas, el “chatfishing” utiliza la IA generativa para confeccionar mensajes y conversaciones, buscando establecer conexiones que, en realidad, son mediadas por algoritmos y no por la genuina personalidad del usuario.
El uso de chatbots como ChatGPT o Claude para escribir, editar y analizar conversaciones se ha vuelto una práctica habitual entre algunos solteros en plataformas como Tinder, Hinge y Bumble. El objetivo es “optimizar” los encuentros y lograr un mayor éxito, pero esto plantea serias preguntas sobre la autenticidad de los vínculos formados.
A pesar de la controversia, algunos usuarios defienden el uso de la IA, argumentando que es una herramienta para mejorar la comunicación, similar a pedir consejo a un amigo. Hay quienes la emplean para analizar patrones en sus interacciones pasadas y corregir errores, buscando así aumentar sus probabilidades de éxito en las citas online.
Sin embargo, muchos consideran estos métodos como poco auténticos y deshumanizantes. El caso de Jackie, quien sospechó que un hombre usaba IA para prepararse para una llamada con base en su perfil, ilustra cómo esta precisión robótica puede generar incomodidad y desconfianza, haciendo que las conversaciones se sientan forzadas.
Las propias aplicaciones de citas se encuentran en un dilema. Aunque reconocen el desafío, plataformas como Tinder y Bumble aún no han implementado regulaciones claras sobre el uso de IA en las conversaciones. Argumentan que es difícil controlar el “asesoramiento externo” que los usuarios puedan buscar.
Mientras tanto, estas compañías exploran cómo integrar la IA de manera ética. Bumble, por ejemplo, ha anunciado “Dates”, una función de IA diseñada para fomentar conversaciones profundas sobre valores y objetivos, buscando compatibilidades genuinas, pero siempre con el enfoque en la interacción humana.
Expertos como Liesel Sharabi, quien estudia la cultura de las citas en línea, señalan que el principal problema surge cuando no se sabe con quién realmente se está hablando. La IA amplifica las preocupaciones sobre el engaño y la decepción, creando una zona gris ética donde la autenticidad se diluye.
El “chatfishing” representa un desafío significativo para la honestidad en el mundo de las citas. La falta de esfuerzo genuino y la dependencia de la tecnología para establecer conexiones superficiales pueden llevar a una deshumanización de las interacciones, dejando a las apps de citas ante el reto de equilibrar la innovación con la promoción de vínculos reales.







