La Federación Mexicana de Fútbol (FMF) ha emitido un contundente comunicado, marcando una postura firme ante el reciente desacuerdo con Amaury Vergara, propietario del Club Deportivo Guadalajara (Chivas). La polémica surge por la convocatoria de jugadores a la Selección Nacional de México en un momento crucial para los clubes de la Liga MX, generando un debate sobre las prioridades entre equipos y la escuadra nacional.
Este miércoles 6 de mayo de 2026, a las 20:00 horas, se estableció como la fecha límite para que los 20 futbolistas de la Liga MX convocados por Javier Aguirre, director técnico del Tri, se presenten en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de la Ciudad de México. La instrucción es clara y sin excepción: aquel jugador que no acuda a esta concentración, quedará automáticamente fuera de la lista final para la Copa del Mundo.
El conflicto escaló tras un mensaje de Amaury Vergara en redes sociales, donde expresó su profundo descontento. Su inconformidad se derivó de una aparente disparidad en el trato, al señalar que jugadores del Toluca habían recibido permiso para disputar partidos con su club en la Liga de Campeones de la Concacaf, mientras que los de Chivas debían reportarse de inmediato con el Tri.
“Los acuerdos son válidos solamente cuando todas las partes los respetan”, sentenció Vergara en su publicación, instruyendo a la Dirección Deportiva de Chivas a que sus jugadores se reportaran en las instalaciones del club. Este pronunciamiento evidenció la tensión y la falta de congruencia que, a su parecer, permea en la gestión de las convocatorias a nivel nacional.
La respuesta de la FMF no se hizo esperar, publicando un comunicado oficial que reitera la obligatoriedad de la concentración y las severas consecuencias para quienes no la cumplan. Esta determinación subraya una política más rigurosa por parte del organismo, buscando establecer un orden ante las críticas previas por una supuesta flexibilidad en casos similares y la necesidad de priorizar el proceso mundialista.
Este episodio no solo expone una palpable falta de coordinación entre la Federación y los clubes mexicanos, sino que también abre un debate profundo sobre la autoridad en la toma de decisiones. Mientras los equipos priorizan sus objetivos deportivos y de competencia, la Selección Nacional busca imponer disciplina y unidad en un proceso mundialista cada vez más cercano y bajo intensa presión mediática e interna.







