23 junio, 2026
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Lyn May revela el procedimiento estético que alteró su rostro para siempre

Espectáculos

Lyn May cambio estético

Lyn May, una de las figuras más emblemáticas del cine, el teatro y la televisión en México, ha mantenido una trayectoria vigente por más de seis décadas. A sus 73 años, la reconocida vedette continúa activa en el mundo del entretenimiento, siendo un referente de los espectáculos en el país.

Sin embargo, detrás de su exitosa carrera se esconde una historia personal que, según ha narrado ella misma, estuvo a punto de cambiarlo todo. Esta vivencia está íntimamente ligada a su imagen y a un impactante momento en su juventud que marcó su apariencia de forma permanente.

Durante una reveladora entrevista en el podcast de Nayo Escobar, la originaria de Acapulco, Guerrero, abordó las circunstancias que la llevaron a modificar algunos rasgos de su rostro cuando era joven. Compartió cómo esa decisión, tomada a la ligera, terminó afectando su apariencia de manera irreversible.

Según su testimonio, todo comenzó cuando dos mujeres le ofrecieron un procedimiento estético para aumentar el volumen de sus pómulos. Lyn May aceptó la propuesta con la expectativa de una mejora estética, sin saber la verdadera naturaleza de la sustancia que le inyectarían.

“No tenía por qué hacerlo porque estaba muy joven, pero llegan dos señoras: ‘mira, te vamos a hacer pómulos muy bonitos’ y pues uno joven dice ‘voy a quedar más bonita’. No era ni cirugía plástica, me inyectaron aceite de comer”, confesó la artista.

La sustancia, que resultó ser aceite comestible, le provocó una deformación irreversible y una serie de complicaciones que la acompañaron por años. El producto se endureció, generando un aumento permanente del volumen en sus pómulos y un cambio radical en sus facciones.

Lyn May también relató que diversos médicos le señalaron que, irónicamente, el hecho de que fuera “solo” aceite pudo haber evitado consecuencias aún más graves. Enfrentar este drástico cambio físico fue emocionalmente devastador para ella, sintiendo que había perdido parte de la imagen que conocía de sí misma.

Su carrera, que comenzó como bailarina go-go en clubes nocturnos de Acapulco en los años sesenta, la llevó a cabarets de prestigio y, posteriormente, a la Ciudad de México. Fue en la capital donde se consolidó en el teatro de revista y el burlesque, convirtiéndose en una figura icónica que compartió escenario con grandes como Vicente Fernández y Juan Gabriel.

Su salto al cine en 1974, bajo la dirección de Alberto Isaac, marcó el inicio de una filmografía que supera el centenar de producciones, demostrando su resiliencia y talento más allá de las adversidades personales.