Por Luis Guillermo Hernández Aranda
Como muchos ciudadanos, tengo raíces con el poniente de la ciudad. Mis abuelos paternos vivían en el llamado Torreón Viejo, justo atrás de la cabeza de Morelos. Nunca quisieron cambiarse de ahí. En mi niñez caminar por este sector no representaba ningún problema, aunque la marginación y el olvido de las autoridades en la década de los 80 ya era evidente.
De este sector recuerdo los cines Variedades y Laguna, a los cuales asistí varios domingos en la tradicional matiné para ver las películas de El Santo. También era una costumbre familiar cenar en los puestos de pozole, birria o flautas en El Remolino.
Un poco más grande, cuando tenía 12 años, de noche iba a San Joaquín. Mi papá (qepd) tenía un equipo de softbol en la liga nocturna de Canacintra y los juegos se desarrollaban en la Unidad Deportiva Nazario Ortiz Garza al oriente de Torreón justo a espaldas del Estadio Revolución. El pitcher del equipo vivía justo atrás de la Casa del Cerro así que a las 23 horas le dábamos un aventón a su casa. Nunca sentimos temor. En ese entonces las palabras balaceras, ejecutados, simplemente no existían en el vocabulario cotidiano de los habitantes de Torreón.
Esta historia personal provocó que la violencia que azotara al poniente desde el 2007 me causara un dolor personal. Desde entonces la casa de los abuelos estuvo abandonada y es que en esos años era imposible vivir ahí. Por muchos años caminar por las calles donde se gestó parte de mi historia fue imposible.
En estos lugares hay muchas historias tristes. Madres que vieron a sus hijos ser asesinados por el mismo vecino. Madres que tuvieron que salir de la Nueva México para poner a salvo a sus hijas adolescentes que en cualquier momento podían ser violadas por integrantes de los grupos criminales. Jóvenes que ante la falta de oportunidades optaban por el delito como opción de vida.
El rescate de este sector inició con acciones en el sexenio de Rubén Moreira y con Miguel Riquelme con el rescate de espacios públicos. En ese periodo se construyó el complejo deportivo La Jabonera que por desgracia en la administración del panista Jorge Zermeño se dejó de dar mantenimiento, condenándolo al olvido. Algo similar ocurrió con la Línea Verde.
Desde la llegada de Román Alberto Cepeda a la alcaldía se han rescatado espacios públicos emblemáticos. Hoy visitar el poniente no es ningún problema, nadie vive con miedo. Como ciudadanos estamos obligados a tener memoria porque en tiempos electorales muchos falsos profetas niegan grandes logros y venden falsas promesas, por eso prohibido olvidar.
@lharanda







