Por Luis Guillermo Hernández Aranda
Más de 12 mil páginas sumadas en novelas, cuentos y artículos, comprenden el inigualable legado de Yasunari Kawabata. Entre esa vasta bibliografía sobresale un título de por sí atractivo: La bailarina de Izu.
Sencillez y un elegante lirismo son las principales características de la obra de Yasunari Kawabata. Sus textos son un remanso de paz en la vorágine propia del estrés cotidiano. Acercarse a los pasajes por él construidos remite al silencio propio de la Naturaleza, donde es más fácil reflexionar y encontrarse a uno mismo.
Nacido en Osaka el 11 de junio de 1899, Kawabata es uno de los máximos exponentes de las letras niponas, tanto así que la riqueza de su escritura le permitió ganar el Nobel de literatura en 1968, convirtiéndose en el primer japonés en alcanzar dicho reconocimiento.
Uno de sus libros más aclamados es La bailarina de Izu (Izu no odoriko), donde a través de pequeños relatos revela su alma, con narraciones de tintes autobiográficos.
Fue en 1926 cuando Kawabata escribió una novela corta de nombre La bailarina de Izu. En esencia, relata cómo durante el último tramo de un trayecto entre Tokio y la península de Izu, un estudiante veinteañero conoce y entabla amistad con una familia de artistas ambulantes. De ellos, quien más atrae su atención es la hija menor, Kaoru, una chica de grandes y expresivos ojos, a quien él llama “la pequeña bailarina”. El encuentro amoroso entre ambos será breve, pero trascenderá en el recuerdo del lector.
En el texto Maestro de la desilusión, la argentina María Martoccia, traductora de Kawabata al español, afirma que La bailarina de Izu es una historia teñida del anhelo -un anhelo que linda con la angustia- por amar y ser amado, aun cuando el objeto de la pasión puede resultar inalcanzable; erróneo, construido a partir de la certeza de que la bailarina es mayor, se estrella en mil pedazos cuando el protagonista descubre el engaño.
Este relato nos presenta la visión de un Kawabata joven: el erotismo que maneja es aún muy inocente, distante del que presentaría en su libro La casa de las bellas durmientes, el cual incluso sirvió de inspiración a Gabriel García Márquez para desarrollar su Memorias de mis putas tristes.
La edición en español de La bailarina de Izu contiene Historias en la palma de la mano, compilación de cuentos que no habían sido publicados anteriormente. En ellos se revela el gran amor de Kawabata por la humanidad y la Filosofía, pero sobre todo nos conducen al mundo de ese hombre que quedó huérfano a los tres años y a partir de ello convivió más con su abuelo, quien sería el último de su familia en fallecer.
Kawabata definía su quehacer “como un intento de hallar la armonía entre el hombre, la Naturaleza y el vacío”. De esa búsqueda habló en su discurso al recibir el Nobel: “La iluminación no llega a través de la enseñanza, sino a través del ojo despierto internamente. La verdad reside en ‘desechar la palabra’, subyace fuera de la palabra”.
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