Más de 55.000 pelotas de tenis han abandonado las pistas profesionales de Wimbledon para proteger la biodiversidad en el Reino Unido. Este residuo del deporte de élite se transforma en refugios seguros para el ratón espiguero, el mamífero más diminuto del continente, garantizando su supervivencia frente a depredadores y tormentas invernales en proyectos de restauración ambiental.
En los campeonatos de alta competición como Wimbledon, las pelotas se descartan tras apenas unos pocos juegos debido a la pérdida de la presión exacta que exige el reglamento. Sin embargo, aunque pierden utilidad deportiva, su estructura de caucho y su cubierta de fieltro permanecen intactas, evitando el destino habitual de los vertederos.
Organizaciones como The Wildlife Trusts reciben estas donaciones masivas para ejecutar planes de conservación. La iniciativa aprovecha las propiedades físicas de un objeto diseñado para el impacto, donde el caucho repele la lluvia y el viento, mientras que el fieltro conserva el calor interno, proporcionando un microclima seco y estable para los pequeños roedores.
El diseño original de la pelota se adapta a las necesidades biológicas mediante una intervención mínima. Se realiza un corte circular de entre dos y tres centímetros que funciona como un acceso exclusivo. Esta medida impide físicamente que aves rapaces, gatos o comadrejas puedan romper la estructura o ingresar al interior, convirtiendo la esfera en un escudo impenetrable.
A diferencia de los nidos naturales construidos con hierba seca, que suelen desmoronarse durante las tormentas de invierno, estas esferas de caucho resisten varias temporadas. El proceso de instalación es rudimentario: se acondiciona el interior con un poco de paja y la pelota se fija en lo alto de un poste de madera o caña, aproximadamente a un metro del suelo.
Los ratones eligen estos refugios no solo para dormir o resguardarse del clima adverso, sino también para la crianza de sus camadas. Los animales suelen terminar de acondicionar el espacio aportando musgo y hojas secas. El éxito del proyecto radica en la simplicidad de transformar un desecho industrial en un recurso crítico para la biodiversidad.
La escala del proyecto permite que miles de ejemplares de ratón espiguero encuentren refugio en cañaverales y matorrales altos donde antes estaban expuestos. Esta segunda vida del material deportivo se consolida como un ejemplo de economía circular en el Reino Unido, donde la precisión del tenis profesional se traslada a la supervivencia del mamífero más pequeño de Europa.







