Cerca de las 03:30 horas del pasado 13 de diciembre, ocurrió una tragedia protagonizada por padre e hija en Kissimmee, muy cerca de Orlando, en Florida, Estados Unidos. Reynard Tyrone Hough, de 33 años, no se imaginó que un momento de sueño sería artífice para que viviera el que es, quizá, el peor drama que le tocará vivir.
Aquella noche decidió meterse al jacuzzi con Azariah, su hija, una bebita de apenas un año de edad, sin saber que ese era el inicio de su peor pesadilla.
De acuerdo a las autoridades y los reportes levantados por la investigación del caso, el hombre se quedó dormido con la bebita en brazos. Cerca de 15 o 20 minutos después, se dio cuenta que la bebé se había ahogado y que no contaba con signos vitales. Aunque intentó reanimarla, no tuvo éxito.
La confesión del padre de la bebita
Reynard Tyrone Hough, padre de esta bebita de un año, se encontraba junto a su pareja, la madre de la bebé (quien estaba en la casa cuidando a otro de sus hijos en una habitación distinta). A cierta hora de la madrugada, decidió meterse al jacuzzi con su bebé de un año, sin embargo, se quedó dormido con ella en brazos y al despertar no había nada más que hacer por la niña.
Cuando se dio cuenta, la madre llamó a emergencias, sin embargo, la pequeña fue declarada muerta en un hospital local antes de las 4:30 horas. La oficina del alguacil informó que el padre de la bebé confesó que había estado bebiendo alcohol y que, además, ingirió dos tipos diferentes de narcóticos antes de entrar al agua con ella.
Las autoridades indicaron que las sustancias que el hombre consumió provocaron que perdiera el conocimiento, por lo que lo arrestaron bajo cargos graves de negligencia infantil con daño corporal severo y homicidio involuntario por abuso agravado. Mientras la investigación sigue su curso, permanecerá en la cárcel sin derecho a fianza.
La recuerdan con juguetes
La pequeña fue recordada por sus familiares luego de la tragedia. “Ella iluminaba cada habitación a la que entraba”, escribieron en una página de recaudación de fondos para llevar a cabo el funeral de la pequeña. Sus restos fueron trasladados a Maryland para su velorio, dejando una huella imborrable en sus seres queridos.







