Hace casi siete décadas, Hong Kong se enfrentaba a una severa crisis de agua dulce. Sin embargo, en lugar de recurrir a soluciones convencionales, la ciudad asiática tomó una decisión audaz y visionaria que hoy sigue asombrando al mundo por su eficacia y enfoque en la sostenibilidad hídrica.
Desde 1957, Hong Kong implementó un sistema único: una red independiente que distribuye agua de mar tratada exclusivamente para la descarga de inodoros. Esta medida pionera ha permitido a la metrópolis ahorrar cientos de millones de metros cúbicos de agua dulce anualmente, abasteciendo a aproximadamente el 85% de su población.
Un sistema doble para una ciudad resiliente
La clave de esta innovación radica en su infraestructura paralela. A diferencia de la mayoría de las ciudades, Hong Kong opera con dos redes de distribución de agua completamente separadas. Una provee agua potable para el consumo humano, mientras que la otra, gestionada por el Departamento de Abastecimiento de Agua, se encarga de recolectar, tratar y distribuir el agua de mar.
El proceso para el agua de mar implica su captación desde el océano, seguida de un riguroso filtrado para eliminar impurezas y una desinfección, comúnmente con hipoclorito de sodio. Así, se garantiza que el agua utilizada para los sanitarios sea segura y no comprometa la higiene pública, sin la necesidad de usar el preciado recurso potable.
Esta decisión estratégica surgió de la necesidad imperante de la ciudad, que depende en gran medida de las precipitaciones y de importaciones de agua desde el río Dongjiang en China continental. Utilizar agua potable para una función que no la requiere fue considerado un desperdicio insostenible ante la creciente demanda.
¿Es replicable el modelo de Hong Kong?
La viabilidad de implementar un sistema similar en otras regiones depende de diversos factores. Expertos en gestión hídrica sugieren que ciudades costeras, con acceso directo al mar, tendrían una ventaja técnica. No obstante, la construcción de una infraestructura completamente nueva de tuberías separadas representa una inversión monumental.
Aunque países como México, que dependen de presas y acuíferos, enfrentarían desafíos económicos y logísticos considerables, el caso de Hong Kong subraya un principio fundamental: la importancia de asignar los recursos hídricos de manera inteligente. Destinar agua potable únicamente a donde es indispensable es una lección valiosa para el futuro de la gestión del agua a nivel global.







