Un reciente estudio realizado en el este de China ha revelado una innovadora estrategia para purificar grandes masas de agua dulce, prescindiendo de químicos agresivos. Utilizando una combinación de nanoburbujas de ozono y cavitación, científicos chinos lograron desintegrar las cianobacterias y clarificar una sección del vasto lago Taihu en un período récord de veinte días de tratamiento ininterrumpido.
El lago Taihu, con una extensión superior a los 2.200 kilómetros cuadrados, ha sido afectado durante décadas por la contaminación derivada de vertidos industriales, aguas residuales y actividades agrícolas en el delta del río Yangtze. Las proliferaciones masivas de cianobacterias no solo agotan el oxígeno vital del agua, sino que también liberan toxinas peligrosas, comprometiendo gravemente el abastecimiento de agua para millones de habitantes.
El método, detallado en la revista Environmental Research, consiste en un sistema móvil bifásico implementado en un área de prueba de 3.300 metros cuadrados. A diferencia de soluciones convencionales como la remoción física o el sulfato de cobre, este enfoque tecnológico no introduce contaminantes secundarios. La primera etapa implica la cavitación hidrodinámica, que genera fuerzas físicas intensas para dañar las células de las cianobacterias y destruir sus vesículas de gas, provocando su hundimiento.
Inmediatamente después, el sistema procede a inyectar nanoburbujas de ozono, cuyo diámetro es inferior a 200 nanómetros. Estas microburbujas permanecen suspendidas por semanas y, al colapsar paulatinamente en las capas más profundas, generan radicales hidroxilo. Estos últimos son cruciales para descomponer los compuestos orgánicos y neutralizar eficazmente las toxinas algales, sin generar residuos nocivos. La alta eficiencia en la transferencia de gases y el bajo consumo energético hacen de esta técnica una opción prometedora para su aplicación a gran escala.
Los resultados del ensayo, monitoreado de manera continua durante veinte días, fueron contundentes: se registró una impresionante disminución del 89.8% en la concentración de clorofila-a, un indicador clave de la presencia de algas. Paralelamente, hubo un descenso drástico en los niveles de nitrógeno amoniacal, lo cual interrumpió uno de los principales factores químicos que impulsan el florecimiento de cianobacterias en las épocas cálidas.
La mayor penetración de oxígeno en las profundidades contribuyó a estabilizar los sedimentos del lecho lacustre, minimizando la liberación de nutrientes acumulados hacia la columna de agua. La notable mejora en la transparencia del agua permitió que la luz solar llegara nuevamente al fondo, favoreciendo la recolonización natural y el desarrollo de la flora acuática sumergida autóctona.







