El lunes 21 de abril de 2025, el mundo católico se vistió de luto con el fallecimiento del Papa Francisco a los 88 años, víctima de un ictus cerebral. Su cuerpo será expuesto en la Basílica de San Pedro desde el miércoles 23 de abril, permitiendo que los fieles le rindan homenaje.
El funeral se celebrará el sábado 26 de abril a las 10:00 a.m. en la Plaza de San Pedro, presidido por el cardenal Giovanni Battista Re.
Siguiendo su deseo personal, el Papa Francisco será enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, en una tumba sencilla entre las capillas Paulina y Sforza, sin ornamentación ni símbolos papales.
Congregaciones generales: el inicio del proceso
El martes 22 de abril, alrededor de 60 cardenales se reunieron en la primera Congregación General en el Aula del Sínodo del Vaticano. Durante esta sesión, se rezó por el Papa Francisco y se leyó su testamento. Estas congregaciones son esenciales para organizar el funeral, el traslado del cuerpo y establecer la fecha del cónclave.
Según la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, los cardenales menores de 80 años están obligados a participar en estas reuniones, donde se discuten aspectos logísticos y se intercambian impresiones sobre el perfil del próximo Papa.
El cónclave: elección del nuevo Pontífice
El cónclave, proceso mediante el cual se elige al nuevo Papa, comenzará el 5 de mayo de 2025. Participarán 135 cardenales electores, quienes deberán alcanzar una mayoría de dos tercios para designar al sucesor de San Pedro.
Durante el cónclave, los cardenales se alojarán en la Domus Sanctae Marthae y se reunirán en la Capilla Sixtina para las votaciones. Cada día se realizarán dos votaciones, y el proceso continuará hasta que se logre el consenso necesario.
Un momento histórico para la Iglesia Católica
La muerte del Papa Francisco marca el inicio de una nueva etapa en la Iglesia Católica. Mientras los fieles se despiden de su líder espiritual, el Vaticano se prepara para elegir al nuevo Pontífice que guiará a la comunidad católica en los próximos años.
Este proceso, lleno de tradición y solemnidad, refleja la continuidad y la renovación en el corazón de la Iglesia.







