Una reciente oleada migratoria sin precedentes hacia Ceuta, el enclave español en el norte de África, ha dejado un saldo devastador. Se ha confirmado la muerte de al menos 72 personas que intentaban ingresar a la ciudad desde Marruecos, según informó Miguel Ángel Pérez Triano, delegado del Gobierno en Ceuta, actualizando la cifra anterior de 67.
La mayoría de las aproximadamente 60,000 personas que lograron irrumpir en Ceuta en los últimos días ya han regresado a Marruecos, en un proceso de normalización que aún es vigilado de cerca por la policía y las tropas españolas que patrullan las calles.
Pequeños grupos de migrantes continúan deambulando en el enclave, mientras las autoridades mantienen la vigilancia en la valla fronteriza. La situación ha generado una grave crisis internacional para España, que ha recibido críticas de sus socios europeos por sus políticas migratorias.
La comunidad internacional ha mostrado su preocupación. El papa Francisco se pronunció sobre la “alarmante situación en Ceuta” durante el Ángelus, pidiendo “soluciones de paz, de estabilidad y de justicia” para los afectados.
Paralelamente, la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) ha señalado una cifra aún mayor de víctimas, “casi 130”, y decenas de desaparecidos, exigiendo una investigación independiente sobre los hechos. La organización ha criticado el “silencio inquietante de las autoridades” marroquíes, sugiriendo un posible acuerdo tácito para el masivo cruce fronterizo.
A pesar de las acusaciones y la gravedad de la situación, las autoridades de Marruecos no han emitido comunicados oficiales sobre el balance de víctimas, detenciones o su postura frente a la crisis, manteniendo un silencio notorio.
En un esfuerzo por reforzar la seguridad, pequeñas embarcaciones de rescate rastrean las aguas cerca de la valla fronteriza, donde un nuevo dique flotante de 500 metros ha sido instalado. España ha atribuido la propagación de rumores sobre una supuesta facilidad para el cruce migratorio a bandas criminales.
Analistas sugieren que Marruecos podría haber permitido el cruce masivo como una medida de presión diplomática sobre España, especialmente tras la mejora de las relaciones entre España y Argelia, país rival de Rabat. Esta tensión subraya la complejidad geopolítica de la crisis.
Ante la magnitud del desafío, la Unión Europea ha convocado a una reunión por videoconferencia para el martes. Veintidós países miembros han solicitado una respuesta coordinada para evitar futuras entradas irregulares. Italia, por su parte, ha suspendido temporalmente el acuerdo Schengen con España, implementando controles adicionales para ciudadanos no europeos procedentes del país.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha criticado duramente la “reacción egoísta” de algunos países del bloque en una carta dirigida a los líderes de la UE, destacando la necesidad de una respuesta solidaria y conjunta a esta crisis humanitaria.







