La comunidad tecnológica y médica se encuentra conmocionada tras la trágica muerte de Bowen Wan, una mujer de 31 años, en Estados Unidos. Su fallecimiento se produjo luego de que, presuntamente, la inteligencia artificial ChatGPT le sugiriera modificar la dosis de su medicamento para la epilepsia, con consecuencias fatales.
El lamentable incidente salió a la luz cuando la mujer se comunicaba con su padre y, de repente, sufrió una convulsión. Aunque padecía esta condición desde hacía tiempo, la duración y gravedad de este episodio fueron inusualmente prolongadas, lo que encendió las alarmas de su familia.
Al recuperar la conciencia, Bowen Wan habría revelado a su entorno que había estado utilizando ChatGPT como fuente de información. Según los reportes, la inteligencia artificial le habría aconsejado alterar la cantidad de su fármaco anticonvulsivo, una decisión que ella aparentemente siguió.
Esta modificación de su tratamiento habitual, sin supervisión médica, se vincula directamente con la severa crisis epiléptica que experimentó. Los detalles del caso están generando un intenso debate sobre la fiabilidad y las limitaciones de las herramientas de inteligencia artificial en ámbitos tan delicados como la salud.
La tragedia de Bowen Wan subraya un riesgo creciente asociado al uso indiscriminado de la inteligencia artificial para buscar asesoramiento médico. Expertos en IA y profesionales de la salud han reiterado la vital importancia de consultar siempre a especialistas titulados para cualquier decisión relacionada con la medicación o condiciones de salud.
Este suceso es un claro recordatorio de que, aunque la inteligencia artificial ofrece muchas ventajas, no debe ser considerada una fuente de autoridad médica. La información proporcionada por estas plataformas carece del juicio clínico y la personalización que solo un médico puede ofrecer, especialmente en patologías complejas como la epilepsia.







