Una desgarradora tragedia ha conmocionado a la comunidad de Erie, Pensilvania, luego de que un abuelo de 45 años atacara brutalmente a siete de sus familiares y a una amiga de una de las víctimas, quitándoles la vida. Posteriormente, el agresor se suicidó, dejando un rastro de dolor e incredulidad.
Entre las ocho víctimas mortales se encontraban una mujer embarazada, una niña de un año y un niño de cinco. Julius Windham, padre de los menores y pareja de la mujer asesinada, expresó su profundo pesar: “No hay palabras para describir lo que estoy viviendo ahora mismo”.
La sorpresa por el acto violento del abuelo es aún mayor debido a la percepción que de él tenían sus allegados. Windham relató que el presunto agresor siempre mostraba buen humor y una sonrisa, según declaraciones citadas por el NY Post. “Él, todos los días, sonriendo y siendo tan… uno no pensaría que algo así pudiera suceder”, afirmó.
Rick Lorah, jefe de policía de Erie, confirmó la identidad de las víctimas, señalando que siete eran parientes del atacante y la octava, amiga de la mujer embarazada. Los cuerpos fueron hallados en diversas partes de la vivienda tras la intervención policial.
Las investigaciones, que incluyeron pruebas de audio y video, revelaron sonidos de disparos dentro del domicilio. Dos mujeres, aparentemente angustiadas, llegaron a la casa y tocaron la puerta, momento en el que el agresor salió y les disparó a quemarropa.
Al llegar los agentes, encontraron a las dos mujeres sin vida cerca de la entrada. Dentro, los cuerpos de los niños de uno y cinco años yacían en la planta baja, mientras que dos mujeres y dos jóvenes fueron hallados en una escalera. El presunto atacante fue encontrado muerto en la planta alta.
Lorah subrayó la gravedad del suceso y su profundo impacto en la comunidad, sugiriendo que los asesinatos podrían estar relacionados con un problema de salud mental, dada la aparente normalidad y la constante sonrisa del abuelo.







