La historia parece repetirse. Más de dos décadas después de entregar el control del Canal de Panamá, Estados Unidos vuelve a poner los ojos en esta estratégica vía marítima. En una visita reciente, el secretario de Defensa Pete Hegseth sugirió la posibilidad de que tropas estadounidenses regresen a suelo panameño para frenar lo que llamó la “influencia maligna” de China en la región.
La propuesta fue presentada como una oportunidad de cooperación, pero con un trasfondo claro: Washington quiere tener un pie en el istmo para vigilar a Pekín. Sin embargo, el mensaje no cayó bien en el gobierno panameño.
Panamá reacciona con firmeza: “No aceptaremos bases militares”
El ministro de Seguridad de Panamá, Frank Ábrego, no dudó en responder. Frente a Hegseth, dejó claro que su país no permitirá la instalación de ninguna base militar extranjera.
“No podemos aceptar bases militares ni sitios de defensa”, afirmó tajantemente, dejando en evidencia que, aunque Panamá valora la relación con EE.UU., también está decidida a defender su soberanía.
Trump y su discurso de “recuperar” el canal
Desde que Donald Trump regresó a la presidencia en enero, su discurso sobre el Canal de Panamá ha sido provocador. Ha insinuado que Estados Unidos debería “recuperar” lo que construyó y cuestiona abiertamente el papel de China en la zona. El expresidente incluso ha llegado a decir que no es justo que su país pague peajes por usar el canal.
Esta retórica ha encendido las alarmas no solo en Panamá, sino también en Pekín, que ve estas declaraciones como un intento de sabotear su relación con el país centroamericano.
China responde: “Difaman nuestra cooperación”
China no tardó en reaccionar. Pekín acusó a Estados Unidos de “difamar maliciosamente” su relación con Panamá y de intentar socavar los lazos comerciales entre ambos países.
Y no es para menos: empresas chinas controlan actualmente infraestructura clave en el país, incluyendo los puertos de entrada al canal. La tensión aumentó luego de que la Contraloría panameña revelara presuntos incumplimientos contractuales por parte de la empresa china Hutchison Holdings.
¿Cambio de manos en los puertos? La jugada silenciosa de EE.UU.
En medio de esta disputa, Hutchison anunció que vendería los puertos de Balboa y Cristóbal a un consorcio estadounidense. La jugada parecía estratégica, pero la venta aún no se concreta por investigaciones abiertas en China.
Este movimiento podría marcar un giro importante en el dominio comercial del canal y avivaría la rivalidad entre las dos potencias más grandes del mundo.
Neutralidad en juego: ¿quién manda en el canal?
El tratado de neutralidad del canal establece que todos los buques deben pagar el mismo peaje, sin importar su origen. Sin embargo, Hegseth sugirió que los barcos militares de EE.UU. deberían pasar “primero y gratis”.
Esa frase encendió las alarmas. Panamá, a través de Ábrego, reiteró que cualquier cambio en los acuerdos debe respetar el tratado vigente. La neutralidad del canal no está en discusión.
¿Qué viene ahora? Un canal entre gigantes
La visita de Hegseth confirma lo que ya se sospechaba: el Canal de Panamá ha vuelto a ser un tablero geopolítico. Estados Unidos quiere recuperar presencia. China defiende sus intereses. Y Panamá, en medio, busca mantener el equilibrio sin perder soberanía.
Lo que ocurra en los próximos meses marcará el rumbo de esta histórica vía marítima, por donde pasa el 5% del comercio global.







