Durante su primera campaña presidencial, Donald Trump prometió construir un muro, reducir impuestos y deportar en masa. Pero entre todas sus grandes promesas, hubo una que generó más risas que titulares: restaurar la presión de agua en las duchas.
Ahora, en pleno regreso político, ha cumplido con ese compromiso inusual, firmando un decreto que elimina las restricciones federales sobre cabezales de ducha.
Un decreto para el cabello perfecto de Trump
Desde el Despacho Oval, Trump justificó la medida con una frase que ha dado la vuelta al mundo:
“Me gustaría darme una buena ducha para cuidar mi precioso pelo.”
El decreto, titulado “Mantener una presión de agua aceptable en las duchas”, anula las normas de ahorro de agua implementadas por las administraciones de Barack Obama y Joe Biden, que limitaban el flujo de agua a 2.5 galones por minuto.
Para Trump, esas regulaciones convertían algo tan cotidiano como ducharse en una frustración diaria.
“Goteo, goteo, goteo. Ridículo. Terminas usando más agua lavándote las manos”, dijo entre risas, aunque con total seriedad.
Trump contra la “agenda verde radical”
La Casa Blanca bajo Trump no solo justificó el decreto desde la comodidad, sino también como un acto de liberación contra la burocracia federal. En palabras del expresidente:
“Los estadounidenses pagan por su propia agua. Deberían elegir cómo quieren bañarse.”
Además, criticó la “complicadísima definición” de cabezal de ducha impuesta durante el gobierno de Biden, calificándola de tener 13,000 palabras innecesarias. La nueva normativa ordena al secretario de Energía que anule esas reglas de inmediato.
Para Trump y sus aliados, las regulaciones ecológicas asfixian la economía y complican la vida del ciudadano común. Para sus críticos, sin embargo, estas medidas ponen en riesgo el ahorro de agua y elevan las facturas energéticas.
¿Qué hay detrás de la guerra de las duchas?
La “guerra de las duchas” no es nueva. Desde 1992, las normativas energéticas federales han establecido límites al flujo de agua para conservar el recurso y reducir emisiones. Durante la era Obama, estas reglas se reforzaron, pero Trump las flexibilizó durante su primer mandato.
En 2021, Biden revocó los cambios de Trump, restaurando los límites para proteger el medioambiente. Pero ahora, Trump vuelve al ataque, usando la ducha como símbolo de resistencia al ambientalismo extremo.
En su discurso, incluso citó estados con exceso de agua, argumentando que la presión limitada no tiene sentido en esas zonas.
Entre la sátira y el populismo
La medida puede parecer absurda, pero tiene un componente estratégico: Trump conecta con problemas cotidianos de forma emocional y teatral. Lo hizo con los inodoros en 2019 (recordemos el hashtag viral #ToiletTrump), y lo repite ahora con las duchas.
Sin embargo, estudios de la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA) demostraron que las regulaciones eliminadas permitían ahorrar hasta 380 dólares al año en agua y energía por hogar. ¿Vale la pena renunciar a ese ahorro por ducharse más rápido?







