La historia vuelve a repetirse, pero con más fuerza. En un movimiento que ha sacudido los mercados internacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes que elevará los aranceles a las exportaciones chinas hasta un 104 %.
La decisión entrará en vigor un minuto después de la medianoche y representa una escalada histórica en la guerra comercial entre las dos mayores economías del planeta.
Todo comenzó hace una semana, cuando Trump advirtió que si China no retiraba los aranceles del 34 % que impuso como represalia, aplicaría una nueva carga impositiva. Este martes, al no obtener respuesta de Pekín, la Casa Blanca ejecutó la amenaza.
“China quiere un acuerdo desesperadamente, pero no sabe cómo empezar”, declaró Trump ante medios estadounidenses, dejando entrever que las líneas de comunicación entre ambas naciones siguen congeladas. El presidente aseguró que esperaba una llamada del mandatario chino, Xi Jinping, pero hasta el momento no ha llegado.
China responde con sanciones, bloqueos y denuncia ante la OMC
Pekín no tardó en reaccionar. A través de sus portavoces oficiales, calificó la decisión de Trump como una medida de “naturaleza chantajista” y anunció una serie de contramedidas: desde aranceles del 34 % a productos estadounidenses, hasta la suspensión de importaciones clave como pollo y sorgo de ciertas empresas.
Además, el Gobierno chino activó investigaciones antimonopolio y ‘antidumping’ contra compañías norteamericanas, al tiempo que limitó exportaciones de tierras raras, recursos fundamentales en la industria tecnológica global.
Como parte de su estrategia legal, China también ha presentado una demanda formal contra Estados Unidos ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), utilizando el mecanismo de solución de disputas, en un intento por frenar lo que considera medidas “ilegales y discriminatorias”.
Escalada sin precedentes: ¿nueva guerra comercial?
Este aumento al 104 % es el más alto impuesto por Estados Unidos a China desde que inició la primera fase de la guerra comercial en 2018. Expertos en economía advierten que esta decisión podría tener consecuencias directas en los precios de productos tecnológicos, textiles y materias primas, afectando tanto a consumidores estadounidenses como al comercio internacional.
La relación entre ambos países, ya tensa por razones políticas y tecnológicas, ha llegado a un punto crítico. Este nuevo episodio podría poner en riesgo los avances logrados en negociaciones anteriores e incluso impactar las elecciones presidenciales estadounidenses de este año.
Un conflicto con impacto mundial
Más allá del cruce bilateral entre Trump y Xi, esta guerra comercial representa una amenaza para la economía global. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos internacionales ya han advertido que una escalada arancelaria de esta magnitud puede ralentizar el crecimiento económico y desestabilizar cadenas de suministro esenciales.
Por ahora, todo el mundo observa con atención cómo evolucionan los acontecimientos.
¿Dará marcha atrás alguna de las potencias? ¿Podrá la OMC mediar eficazmente? Lo que está claro es que la guerra comercial ha entrado en una nueva fase y sus efectos se sentirán mucho más allá de Washington y Pekín.







