Por Luis Guillermo Hernández Aranda
Las redes sociales se indignaron esta semana por los dichos del conductor de Ventaneado, Pedro Sola, quien en el programa del pasado lunes criticó el pet friendly.
“Yo no tolero a los perros en la tienda, a los perros en el súper, a los perros cagando en el restaurante. Oigan ¿Qué es eso? ¿Se volvieron locos o qué? Con ganas de aventar un trozo de carne envenenada”.
Los dichos despertaron la indignación de los cibernautas, incluso el tema se politizó y Margarita Corro, diputada de Morena, aseguró que podría ser acreedor a una sanción con base en el artículo 208 del Código Penal.
Organizaciones pro defensa de los animales criticaron la falta de empatía del conductor, así como la normalización de la violencia, e incluso afirmaron que se hacía apología del delito. Los comentarios en redes sociales provocaron la reacción del dueño de TV Azteca, Ricardo Salinas Pliego, quien dijo que los dichos eran lamentables y el miércoles Pedro Sola se disculpó al aire.
“No había sido consciente de ello y lo siento de verdad, fue una falta de empatía de mi parte y prometo educarme más sobre este tema y no cometer errores similares y decirles a todos que siento mucho lo que dije. Jamás le he hecho daño a nadie y menos a una mascota; lo siento de verdad, desde el fondo de mi corazón siento una vergüenza horrible por lo que pasó y por lo que provoqué”, dijo.
Es cierto debemos ser una sociedad más empática y el maltrato animal es condenable, sin embargo, los hechos me llevan a la siguiente reflexión: ¿porqué como sociedad no nos indignamos igual por la violencia cotidiana de la que son víctimas las personas con discapacidad?
Yo no veo que las redes sociales se indignen o los políticos del todo el país pidan sanciones porque en las tiendas y centros comerciales no se respeten los lugares destinados para las personas con discapacidad.
Tampoco escucho condenas porque las tiendas y las ciudades no tengan rampas. Tampoco por la ausencia de baños especiales para personas con discapacidad. Vaya ni siquiera el Seguro Social, ni hospitales privados, tienen cambiadores dignos para las personas con discapacidad. No hace mucho en la Clínica de Especialidades del IMSS me pedían que le cambiara el pañal a mi hijo de 17 años en el suelo del baño del hospital. La petición me la hizo una enfermera sin importar lo sucio del piso.
Tampoco veo mayor tolerancia a las personas autistas, ni tampoco veo condenas porque las escuelas no brinden educación a los niños con discapacidad. Celebro que seamos una sociedad más empática hacia los animales, pero creo que también debemos ser igual de solidarios con otros seres humanos como son las personas con discapacidad.
@lharanda







